martes, agosto 08, 2006

INTOLERANCIA INSUPERABLE


He tratado de luchar en contra de la intolerancia, de ese bichito que a todos nos pica de vez en cuando. En algunos aspectos lo he logrado, pero hay otros en los cuales no. Y es que cuando me hablan de fumadores soy absoluta y hasta irracionalmente intolerante. Sin importar de quién se trate, simplemente no tolero a los fumadores. Resulta curioso porque mi padre fuma desde hace muchísimos años (mucho antes de que yo naciera) y mi madre volvió a este nefasto hábito tras dejarlo por un tiempo. En otras palabras, he vivido toda mi vida rodeada de "chimeneas", lo que no ha aumentado ni un ápice mi tolerancia. Es más, podría decir que me ocurre todo lo contrario, me vuelvo más intolerante aun. Es que simplemente detesto percibir el humo, ver ceniceros regados por todas partes, escuchar a las personas toser sin estar "enfermas", verlas gastar billetes tras billetes en unas mugrientas cajas y dejar sus actividades a la mitad por esa violenta necesidad de fumarse un "pucho". Para mi no hay nada más detestable que ver interrumpido mi entorno por este halo de humo e inmundicia, ver a personas que quiero y admiro caer en el vicio de fumar y no estar (siquiera) dispuestos a dejarlo. Esta intolerancia puede tal vez no tener base, porque alguien que jamás ha fumado no podría entender lo que significa dejar el vicio, pero la verdad es que poco me importa. Es más, estoy orgullosa de mi decisión y si hay algo de lo que estoy absolutamente segura es de que NUNCA VOY A FUMAR. Ya tengo suficiente con haber sido (y seguir siendo en muchas ocasiones) una fumadora pasiva, con tener que soportar la basura de otros porque disfruto -y/o necesito- de su compañía. Pero mi intolerancia se ha acrecentado, es más, me he puesto absolutamente mañosa al respecto. Ando cerrando las puertas detrás de las habitaciones donde hay fumadores, me alejo de ellos, les pongo mala cara, los reto, les discuto. Lo siento, pero es que ya ni lástima puedo sentir por ellos. Porque no me cabe en la cabeza que no dejen el hábito. Simplemente no creo en el vicio. Mi idea (aunque millones científicos me la refuten) es que el vicio está en la costumbre, en la comodidad, en la dejación. El que quiere, lo deja y punto. El que se respeta a sí mismo y a su entorno lo va a hacer. Así de simple. Y aunque me refuten, me critiquen y hasta me odien por pensar así, no dejaré de hacerlo. Simplemente podré responderles: prefiero ser catalogada de ignorante e intolerante antes que traicionar mis principios.

4 comentarios:

un tian de mentiritas dijo...

Ñíaaaaa. Yo fumo, lo has visto, lo ves y lo verás. =P
No discutiré nada de lo que escribiste, cada uno tiene su visión al respecto, claro está, y todos pensamos distinto, no soy quien para discutir este tipo de cosas tan relativas.
Creo que algún día lo dejaré, pero por ahora no, es mi amiguis más íntimo ^^
Un besote, que bueno que te haya gustado mi blog.
Te me cuidas. Da da!!

Tian!

andando dijo...

creo seriamente que fumo por algo horrible
para matar el tiempo que creo que sobra
y aveces para disfrutarlo con todos su segundos saboreandolo en la nicotina que qeda pegaa en mis dientes
una buena y asquerosa forma de inmortalizar el ocio y acrecentar los nervios

andando dijo...

creo seriamente que fumo por algo horrible
para matar el tiempo que creo que sobra
y aveces para disfrutarlo con todos su segundos saboreandolo en la nicotina que qeda pegaa en mis dientes
una buena y asquerosa forma de inmortalizar el ocio y acrecentar los nervios

Anónimo dijo...

Yo tb fumo por la misma razón horrible de tres tristes... para matar el tiempo ¡que penca!. Es que a veces es insoportable no tener nada que hacer ni que pensar... el cigarro acompaña en aquel momento.

Por otra parte, el tabaquismo tiene una fundamentacion biologica; o sea, efectivamente te provoca placer el cigarrillo aunq de una naturaleza bastante vulgar.