sLa vida es confusa cuando no tienes objetivos ni parámetros para seguir. Es como si revelara de manera profunda y patética su inutilidad. Entonces piensas: qué va, la vida es inútil, y de repente te da lo mismo morirte. No buscas la muerte, pero crees que te va a dar lo mismo si te encuentra, que bien podrías intercambiar roles con quien va a morir en un accidente o con quien se suicidó repentinamente sin que tuvieras tiempo de evitarlo. Igual esa sensación, aunque regrese a menudo, nunca alcanza a durar demasiado. Está la familia, los amigos, las responsabilidades... es como si al cerrarle una puerta, la vida volviese a entrar por la ventana. Entonces es la muerte la que te parece absurda, la que empiezas a odiar... no tu propia muerte, que al fin y al cabo resulta incomprensible, sino la de quienes amas, quienes te dan razones para vivir. Si ellos mueren, entonces todo volvería a ser absurdo. Pero si eso llegase a ocurrir, el absurdo ya no se iría, sería una constante. Todo sería realmente vano y entonces no habría más respuesta que la locura o el suicidio. Hoy me siento a medio camino entre las dos... quizás demasiado lúcida para la primera y demasiado cobarde para laegunda...
viernes, septiembre 05, 2008
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