No sé por qué demonios pasa que hay veces en que nada está mal en nuestras vidas, en que todo marcha normalmente y sin embargo nos sentimos disconformes con todo. Nuestro aspecto para empezar, el que no cesa de estorbarnos, luego esos kilos impertinentes que el calor del verano te fuerza a mostrar y finalmente esa abulia constante que con el paso del día se convierte en una tristeza inexplicable que te obliga a llorar todas las noches. Nada está mal, lo sabes, pero sientes que no puedes estar bien y te duele. Duele porque sabes que hay sufrimientos reales a tu alrededor que no se comparan con el tuyo, duele porque sabes que aún existe gente que se esfuerza por darte momentos felices y pese a ello no puedes apreciarlos como deberías. Nada está mal, pero sabes que no estás bien y simplemente no lo puedes disimular. No hay pastillas que lo aminoren, ni compañías o panoramas que lo compensen. Nada está mal excepto que te cuesta levantarte todas las mañanas y te cansa hasta sonreír. Nada está mal excepto que aunque estés conciente del tremendo apoyo que tienes, te sientes tan infinitamente sola, perdida y asqueada, que preferirías efectivamente estarlo, para entonces poder morirte al fin, sin culpas ni remordimientos previos.
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1 comentario:
Me gusta, y coincido contigo, en todo.
Sin embargo, no lloro cada noche; creo que esto no ocurre porque aún conservo mi sueño rápido, del cual me siento orgullosa, y me evita no deprimirme en exceso por las noches (también me impide ver televisión, leer y colocarme crema en las manos).
Suerte, al fin y al cabo, nada está mal.
:)
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