Sé lo que hice, pero no logro entender por qué lo hice. El recuerdo me resulta patente y al mismo tiempo irreal ¿era yo en ese momento? la culpa me dice que sí. Pero también hay un desborde tal de los límites de mi pensamiento concreto que me cuesta creerlo. Con los años he asumido que soy así, al menos en parte. Esa parte que me obliga a disculparne constantemente por existir. Quiero pensar que lo hago sin intención, pero es sólo porque me da miedo asumir que puede ser algo premeditado, que hay algo perverso en mí que me incita ese comportamiento antisocial y está siempre dispuesto a soltarlo, en el momento menos esperado, para advertirme que no me puedo liberar. Quiero pedir perdón, pero al mismo tiempo siento que de nada sirve si no puedo decir nunca más. Siempre existe la posibilidad de que vuelva, en otro arranque de furia, la resonancia del descontrol, los gritos y los dolores imposibles... esa sensación de que no puedes hacer nada, de que no hay cura para tanta tempestad y sinsentido... ya no importa siquiera lo que gatilló el ataque, soy yo contra el mundo que me aborrece, expulsada al otro lado, irremisiblemente sola... y aunque después, ya agotada toda la energía, pueda abrir los ojos, despertar confundida, adolorida, culposa y llorosa, el episodio ya se concretó, para mi retina y las de otros, justo de aquellos a quienes más quiero y que, después de esto, ya no sabrán si pueden quererme de la misma manera...
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2 comentarios:
existen miles de millones de personas en el mundo... ¿tu crees que la gente anda pendiente de cuan fea es cada una de esa millonesima parte? encima de algo que solo tu ves...
no tenía NADA que ver con eso... y no, no pienso eso tampoco.
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