sábado, mayo 28, 2011

aquello...

Thanatos, instinto de muerte, lo llamaba Freud… el demonio de la perversidad, lo llamó Poe… yo no sé cómo llamarlo, yo ni siquiera quiero llamarlo, desearía no tenerlo, no seguir atada indisolublemente a él. Se va por un tiempo, y luego vuelve, con renovada intensidad… no sé si puede decirse que sea intenso, cuando en realidad es desbordante, un malestar que se apodera de todo mi cuerpo, que me corroe la mente hasta hartarme con sus ideas fatalistas. No es simplemente querer morirse, es necesitar de la muerte, como si ésta fuera la única finalidad de la vida… y lo paradójico es que en el fondo lo es, para todos, todos vamos hacia allá… la diferencia es que la mayoría prefiere concentrarse en la vida (el paréntesis), sacarle cada gota de entusiasmo, llenarse de energía… yo misma prefiero eso a veces… la vida, con todos esos encantos, ese ímpetu, esas luchas, ese amor… pero cuando me lleno de infiernos, el amor no existe… en realidad no existe nada, salvo el desasosiego, la escalada del sinsentido, la perturbación de la nada… nada importa, nada se salva de la furia titánica de una caída a toda velocidad, de un descenso hasta el vértigo de la inexistencia… no soy nada, ¿para qué quiero estar? Todos los errores y fracasos cobran sentido, son anuncios de la salida, la vía de escape, son indicios de que hay sólo un destino, y que no vale la pena seguir esperando a que se cumpla, intoxicándolo todo con la náusea inexorable, el spleen de los poetas que terminaron aceptando su inutilidad, y culminaron el proceso en un grito agónico que vino a empoderar sus obras de un modo que ellos mismos jamás pudieron lograr… Yo ni siquiera tengo obras… tan sólo uso un puñado de palabras prestadas para intentar extraer de mí estas ideas pútridas, que nunca terminan de irse, sin importar cuánto me drogue para intentar aplacarlas, porque ellas saben que en algún momento dejaré de tomarlas, que deliberadamente las dejaré olvidadas por ahí para que renazca en mí todo lo que me pierde… ¿será acaso que la muerte me seduce? O es quizás, más bien, la idea de un recuerdo idealizado la que me conforta… si muero, no habrá más faltas, se redimirán mis culpas y permaneceré inmaculada en la memoria de quienes me conocieron, que inconscientemente (¿) olvidarán todo el daño que les hice, todo aquello que no supe hacer correctamente, lo que arruiné… sólo habrá momentos gratos; mis pequeñas muestras de cariño o generosidad, se verán amplificadas por una mezcla de extrañamiento y lástima… es sencillamente asqueroso pensar todo esto… que toda esta puta mierda tiene que ver con un ego inmenso, tan inmenso, que prefiere autodestruirse para prevalecer intachable, antes que permanecer vivo en una existencia mediocre… ¿será que odio la mediocridad? Definitivamente me molesta, fui criada para el éxito, irresponsablemente criada en la autoexigencia más cruel y demoledora, pues jamás seré capaz de cumplir con los estándares que poseo. Así, todo lo que haga, sin importar lo que sea (y aquí se descarta mi anterior “teoría del error”), será insuficiente, dejándome en la impotencia permanente de mi incapacidad, que magnifica toda falta hasta hacerla intolerable e inapelable… siempre seré idiota, da lo mismo cuánto estudie o me perfeccione, siempre seré inútil, da lo mismo cuánto trabaje… siempre seré horrenda, la fruta pútrida en el cajón de todos los demás… ¿cómo, entonces, no querer desaparecer? Morir parece el único acto digno de vivirse, la única decisión libre y soberana que soy capaz de ejercer. Pero, ¿seré capaz? ¿Podré algún día dejar atrás mi miedo al absoluto, a la nada infinita? Realmente no lo sé. Hasta ahora no he podido y esa cobardía me quema por dentro como la peor de las culpas… soy una cobarde y sigo perpetuando una agonía, la vida prestada, esa copia a carbón de una vida auténtica y útil, cargada de emociones y de palabras brillantes… a diferencia de las mías, opacas y deslucidas, continuamente en búsqueda, en el intento infructuoso de querer comunicarse, de abrir los canales, las córneas, los músculos y las venas, de dejar correr la sangre entera, de inundar el papel de fluidos corporales, de sentimientos hirvientes que despierten la conciencia del OTRO y lo hagan entender, por fin, este grito desesperado de ayuda…

1 comentario:

Sabaha dijo...

Yo tengo buen oído...