
Algunos piensan que los tontos son tontos porque hablan sin pensar. Yo digo que no es así. Somos tontos porque pensamos tonteras. Porque pensamos que se pueden solucionar las cosas hablando. Entonces nos mandamos charlas eternas, donde decimos muchas tonteras. Tonteras que son tonteras no por nuestra falta de cuidado para elaborarlas, sino porque en el contexto son verdaderas pérdidas de tiempo, ya que nunca se nos escucha como quisiéramos. Con esto no quiero decir que la tontera esté en el que ignora al tonto, sino que el tonto es verdaderamente tonto porque no se da cuenta de que no lo están escuchando. Y cuando logra percibir, en una suerte de iluminación, que está siendo ignorado, como tonto que es, continúa hablando, en un discurso eterno con el cual intenta reivindicarse y decir algo. Pero lo cierto es que el tonto nunca tiene nada que decir. Vive pensando que ha descubierto cosas, cuando en realidad sólo descubre los despojos de otro, y desde su ignorancia, piensa que se le ha ocurrido una idea. Pero los tontos no tenemos ideas ni nada que se le parezca. Sólo tenemos palabras, un montón de palabras reutilizadas para repetir, para llenar el espacio que nos falta en nuestro cerebro con la voz, o con los escritos, escritos que como éste, probablemente no serán leídos y pasarán como los tontos de este mundo, pataleando en medio de la tierra, al tiempo que creen (en su estupidez) que han salido a flote sin siquiera haber tocado el agua.

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