sábado, junio 05, 2010

Sobre errores, culpa y perdón


Como a los 12, mi mejor amiga de ese entonces, X, con la cual compartí algunos de los momentos más mágicos de mi preadolescencia, se enojó conmigo brígidamente. Lo que pasó fue que teníamos que hacer algo para el cole y usar ropa parecida, entonces yo le oí decir a X que ella tenía 2 poleras tal, pero que no podía prestarle una a Y porque le quedaría chica. Entonces después, yo hablando con Y tuve el desatino de contarle eso, e Y, que se sentía muy delgada y que pensaba que eso era DEMASIADO importante, se enojó a muerte con X. Por otro lado X desmintió profundamente haber dicho algo TAN OFENSIVO como eso, y lo hizo con tal elocuencia que Y terminó por creerle y volvieron a ser amigas. El problema fue que X no me perdonó que dijera algo como eso, diciéndome que era una MENTIROSA, que buscaba separarlas y cosas así y dejó de ser mi amiga, incluso de hablarme o siquiera reconocerme, "ley del hielo" como suelen hacer las niñas de esa edad (y conste que digo de esa edad, porque después me enteré que hay niñas de 20 y tantos que hacen lo mismo). Esa experiencia me marcó profundamente porque en principio no entendía por qué mi revelación había sido tan conflictiva (ambas eran chicas delgadas, yo misma era delgada y no me parecía algo que hubiera que resaltar), yo sólo lo dije por los efectos prácticos de que nos faltaban poleras del mismo color. Tampoco entendía por qué X insistía tanto en que ella NUNCA diría eso y que yo había MENTIDO, porque para mí mentir no representaba ninguna utilidad (ambas eran amigas mías y si existía algún tipo de preferencia, claramente me sentía más afín con X), y en caso de que efectivamente yo hubiese escuchado-entendido mal no me parecía una razón para terminar con la amistad. El asunto es que tuve que pasar un año rehaciendo mi círculo amistoso al perderlas a ellas (aunque extrañamente Y no parecía tener ningún problema conmigo), lo que afortunadamente no me costó tanto, dado que hubo un par de personas que me acogieron con facilidad, pero durante todo ese tiempo tuve la sensación culposa de haber hecho algo DEMASIADO MALO (que no era capaz de entender ni dimensionar), además de sentir una tremenda DESCONFIANZA hacia mi propia percepción, que me hacía oír-interpretar mal las cosas, o hacia mis sentimientos más profundos, que me hacían (casi inconscientemente) enemistar a dos de mis mejores amigas.
Pasado casi un año de todo este entuerto, X pasó un día por mi casa y me llevó un paquete de regalo de navidad, cuyo contenido ya no recuerdo, pero el cual venía con una tarjetita que nunca olvidaré y que de hecho aún conservo. La tarjetita decía: "el perdón es la máxima expresión de amor". Con este gesto, ella me anunciaba que por fin me había perdonado, que su gran corazón se lo había permitido y recuerdo que me emocioné mucho, le agradecí, la abracé y lloramos. Su palabra se cumplió, ya no me quitó el saludo ni nada, pero la relación se había deteriorado a causa de mi error y nunca volvimos a ser tan amigas como antes.

El punto es que después de esta experiencia límite de mi cuasi pubertad, siempre tuve mucho cuidado con lo que decía o hacía con mis amigas, por miedo a perderlas, y a menudo les pedía disculpas por mis errores, algunos de los cuales ni siquiera eran percibidos como tales, pero yo no me arriesgaba a que lo fuesen. Muchas personas me han dicho desde entonces que mi actitud es demasiado culposa, que ando pidiendo disculpas por todo, que no es necesario y así, pero en realidad parece que me cuesta discernir cuándo es y no es necesario. Me resisto a responsabilizar X por eso, creo que antes de ella había en mí una actitud ciertamente condescendiente, ganada a costa de tener pocos amigos y sentirme al mismo tiempo necesitada de ellos. Pero creo que X de alguna manera y sin proponérselo (ella también era una niña, no tenía cómo saberlo) me gatilló esa inseguridad enfermiza que venía ya embrionaria en mí, haciéndola evidente. Si a eso le sumo la cantidad de faltas que he cometido a lo largo de mi vida, la acumulación de culpas es enorme, tanto que a menudo me deja inmovilizada por miedo a volver a equivocarme y dañar a otros.
Hubo sin embargo alguien que siempre me movió a dejar esas culpas de lado y a actuar. No digo que sea la única persona, en general quienes me quieren se sienten incómodos con mi culpa y esperan que la supere, pero esta persona explotó un lado de mí que estaba dormido y no me dejó otra posibilidad que asumir el riesgo. Y aunque yo le advertía que no iba a poder, que era demasiado insegura, demasiado fallida, enrollada y así, esta persona confió en mí y me animó a hacerlo. Con ella viví experiencias grandiosas que jamás olvidaré. Tuvimos peleas y conflictos que venían tanto desde mis fallas como de las suyas, o más bien de su desesperación por no poder ayudarme a superar las mías. Pero esta persona seguía intentándolo y yo sabía que si me perdonaba era porque me quería (la tarjetita seguía surtiendo su efecto) y trataba de corresponder a ese cariño a mi manera atolondrada y principiante. No obstante, las desaveniencias fueron cada vez mayores, mis errores cada día más frecuentes y esta persona, cansada ya de quererme y salir perjudicada, de sentirse continuamente atacada por mis inseguridades, me soltó. Y fue como volver a vivir nuevamente los 12, el rechazo absoluto, la imposibilidad de que mi perdón fuese escuchado o atendido, las dudas constantes acerca de mi nivel de entendimiento o mis emociones, no saber de dónde agarrarme otra vez, caer, caer, despreciada definitivamente, escupida y vomitada, apartada, estúpida e imposible, pues en más de 10 años no había aprendido nada...
Mi historia es esa... tengo 23 años, soy una persona conflictiva que constantemente se autoflagela discursivamente, que suele caer en el cliché y en el ocio más absurdos, y cuya ideología consiste en puros discursos tras cuatro paredes... Y encima de todo eso, soy ambigua tanto sexual como afectivamente, de manera que el cariño que profeso es a menudo entendido como un simple capricho...
Y si confieso todo esto no es para recriminarme, sino para entenderlo, para aceptar que todas esas críticas son REALES y que frente a la repetición aún más dolorosa e insoportable de esa experiencia-pesadilla infantil, no puedo permanecer impávida y continuar con la seguidilla de actitudes culposas e inmovilizadoras, sino que más bien debo salir y demostrarme a mí misma que NUNCA MÁS permitiré que algo así me pase. Me perdono porque me amo y porque amo tanto a las personas que me rodean que no me arriesgaré a perderlas ni a desperdiciar un día más junto a ellas...

5 comentarios:

Anónimo dijo...

EEEEEEEEEEEEEESSSSSSSSSSSSSOOOOOOOO SÍ! :o)

Anónimo dijo...

soy gabrielarda anonima!!

ElSeba dijo...

Tengo la leve impresión de q esa declaración final no es de lo mejor. Suena a represión eterna por la culpa y a vivir con el miedo de "perder a alguien", por ende, vivir con el "ante la duda, abstente, y así no te equivocas".

claro, puede ser un error de comprensión lectora.

aunque te veo poco. yo te kiero con errores y too. de esos amigos q están pa awantar, si no es mui fome ¿no?

Tanya dijo...

Seba: ehh, no, no tiene que ver con abstenerse, sino con reconocer errores y perdonarlos a tiempo para no llegar al punto en que resulten irreversibles o demasiado culposos para simplemente pasar por sobre ellos. No permitir que me vuelva a pasar eso no implica reprimirme, sino más bien todo lo contrario, es tomar una actitud ágil distinta de la que me ocasionó esa primera experiencia de rechazo, que me hizo temer siempre perder a alguien y disculparme constantemente, sin valorar todo lo que sé que puedo entregar y que hace que al final la pérdida sea mutua. Debo ser consciente de mis errores y pedir perdón cuando corresponda pero a la vez perdonarme a mí misma porque al fin y al cabo mi propia valoración es la que me permitirá ser más valiosa a los ojos de los demás. ¿Se entiende? eso creo. Igual gracias por quererme así, como dice mi "tío" Chichi y como me decía Fabrizio, a quien extraño también, indas personas ustedes, aunque los vea poco. Un abrazote.

ElSeba dijo...

Pulentoso. Un gustazo gigante saber que leí mal :)

Concuerdo con vos.

Y ya se viene el fin de semestre y, con él, el viaje intergalactico prometido. je.